Nada
Sus pies reciben el primer pinchazo de agua fría y la espuma sube hasta las rodillas. Estira el cuerpo en su altura y se pliega antes del salto que termina en zambullida. Las manos entran rompiendo una membrana finísima. Está rodeado de agua y burbujas destinadas a una corta vida. En la superficie los brazos y las piernas lo deslizan recto con el imposible destino del horizonte.
