Plenilunio
La ciudad encendida
de eléctrica serenidad.
Sus árboles edificios
respirando
en las calles.
La hamaca que se mece sola
en la plaza vacía.
Muchachos gastando vida
en grupo
en las esquinas
en un ritual suspendido
y plegado en el tiempo
de la ciudad por siempre.
Es de noche y
el ritmo real
lo marcan
hombres enamorados
en bicicletas.
Las figuras inciertas
íngrimas
chocando
su espera en
el mercurio luminoso
del empedrado.
Los espasmos reales son
la vida de la ciudad.
La lucidez del pliegue
revelador que el tiempo
brinda a las soledades
reunidas por un magnetismo
sonoro y perfumado.
